martes, 30 de abril de 2013

Dos Poemas de Kavafis



Ayer, 29 de abril de 2013 se cumplieron 150 años del nacimiento y 80 de la muerte del famoso poeta en la ciudad de Alejandría. Alfonso Silván Rodriguéz publicó en 1991 la obra completa traducida de Kavafis. En un artículo de El País nos habla de dos poemas en específico, los cuales considera esenciales para conocer al autor: Cesarión e Ítaca.

En cuanto al primer poema Silván resalta cómo este es quizás uno de los que retratan de forma más íntima al autor y su método de creación. De las cosas que más nos conmovieron al leerlo, fue el final, inesperado por demás, tierno, casi misericordioso, pues conoce el trágico fin que le espera a Cesarión, hijo de César y Cleopatra. Me pregunto cuántos de nosotros, al estudiar historia, al revisar el pasado de grandes civilizaciones, o la de pueblos como los nuestros cuya historia acaba de comenzar, no hemos sentido la presencia de algún héroe que a través de una presencia casi fantasmal se trata de comunicar con nosotros. Cuántos no habremos sentido, no tanto un llamado patriótico, histórico, sino más bien humano, de esas voces que vuelven del pasado para tocarnos en lo más humano.

El segundo poema es tal vez su poema más famoso. Es uno con el que la gran mayoría de los lectores se podrán identificar, pues todos tenemos nuestras Ítacas. El mensaje como bien lo dice Silván es muy claro, y trata además de la discusión del tema Ulises y el retorno del héroe.

Para lee el artículo completo y buscar referencias a fin de profundizar en los temas mencionados, les dejo el enlace a El País: Capicúa entre la vida y la muerte

Adicionalmente los textos de los poemas. La maravilla de la poesía está en que al igual que la música, a medida que uno va escuchando, que uno va leyendo, hace suyo el poema y nos toca de una manera personal. Es cuestión de escuchar, en este caso de leer, una y otra vez. Un poema al igual que una melodía, una canción o una interpretación, nunca es dos veces el mismo.

Cesarión 

En parte para aclarar bien una época,
en parte también para pasar el tiempo,
ayer por la noche tomé para leer
una colección de inscripciones de los Ptolomeos.
Las abundantes adulaciones y elogios
para todos se parecen. Todos son brillantes,
gloriosos, poderosos, benefactores;
todas sus empresas sapientísimas.
Y si te refieres a las mujeres de esa estirpe, también ellas,
todas las Berenices y las Cleopatras admirables.
Cuando logré aclarar bien la época,
habría dejado el libro si una mención breve,
e insignificante, al rey Cesarión
no hubiera atraído de inmediato mi atención...
Ah, hete aquí, viniste tú con tu encanto
indefinido. En la historia unas pocas
líneas solamente se encuentran sobre ti,
y así más libremente te plasmé en mi espíritu.
Te plasmé apuesto y sentimental.
Mi arte da a tu rostro una simpática hermosura de ensueño.
Y tan plenamente te imaginé,
que anoche tarde, cuando se apagaba
mi lámpara -la dejé expresamente apagarse-
creí que habías entrado a mi pieza,
me pareció que delante de mí te detuviste: como si estuvieras
en la conquistada Alejandría,
pálido y cansado, ideal en tu tristeza,
esperando todavía que se apiadaran de ti
los malvados -que murmuraban la "diversidad de Césares".





Ítaca 

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.










Í

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