miércoles, 29 de mayo de 2013

La posibilidad de una isla, Michel Houellebeqc



En un ensayo sobre las cuevas de Lascaux Georges Bataille dice, “aquello que nos parece digno de ser amado es lo que nos da vuelta, es lo inesperado, es lo inesperable”.
Las primeras tres cuartas partes de La Posibilidad de una Isla me afectaron como si así fuese. Sus apreciaciones sobre el cuerpo y el ama, su relación con las mujeres, y con la mujer que supuestamente decía amar, su visión de la vejez, de la desmoralización del ser humano a medida que va envejeciendo y que los años le van pasando por encima, arrugándole la piel, el corazón el alma, me dejaron en blanco. Este es uno de estos libros en los que sientes que algo te da por el estómago y te deja sin aire. Empiezas a cuestionar todo, y con muchas cosas que vives o que recuerdas no puedes evitar murmurar el título, La Posibilidad de una Isla, como si Houellebecq sin querer hubiera escrito sobre tu propia vida.
El personaje principal Daniel es un hombre que está llegando a lo que podríamos llamar la mitad de la vida, hoy en día, en que los sexagenarios todavía son jóvenes, e incluso hay algunas mujeres que se consideran que todavía están buenas. Para él, de los treinta y cinco para arriba más o menos ya comienza el declive, y no hay nada que esperar de la vida, sino un fin solitario, sombrío, en el que no se puede, o peor, no se tiene ningún deseo, sobre todo el deseo sexual que es el motor de la vida. Es el poder de vivir.
Todo esto en yuxtaposición con la historia de un Daniel que está años más allá, en un futuro creado por una religión que se monta sobre manipulaciones y creencias que sus fundadores saben por un lado falsas y por otro inciertas, pero que tiene un fin que están seguros que tarde o temprano alcanzarán. La vida eterna. La paz eterna. Que sólo puede alcanzar el hombre mediante un cuerpo perfecto, que no envejece, que no se enferma, que ni siquiera excreta, pero que además, no tiene ningún deseo. Se suprime la felicidad, para suprimir el sufrimiento. Porque no se puede tener uno sin lo otro. Porque consideran que nadie debe vivir la desesperanza y el desasosiego de haber sido feliz, por más fugaz que haya sido esa felicidad, y haber perdido la alegría, sabiendo que por culpa del paso del tiempo, de la inminencia de la muerte, y del deterioro del cuerpo y la amargura que genera en el alma, jamás la volverán a sentir. Y como toda religión tiene unas reglas a las que estos neo-humanos, deben atenerse, y una de ellas es la prohibición total del contacto con otros seres. Según “La Hermana Suprema” el ser humano sólo debe pensar, debe vivir en una suerte de retiro intelectual, sin la lucha que supone el intendar dominar y satisfacer deseos, o controlar emociones.
Es por eso que este libro me hizo sentir tan triste. Tan sola. Tan desesperada como su protagonista. Escuchándolo además hablar de la humanidad, y de los abyecta que se ha vuelto. En un momento habla de una generación de kids,gente que se niega a madurar, niños eternos, que no podemos ver lo serio en nada, la tragedia de la vida nos pasa de largo, porque estamos desesperados por prolongar placeres fatuos lo más posible, porque de eso nos alimentan y nos bombardean sin cesar, no sólo los medios de comunicación, sino los avances tecnológicos que hemos logrado.
Hasta que comencé a verlo de otra forma. No. Daniel no tiene la verdad en la mano. Te empiezas a dar cuenta que falta el punto de vista femenino. Que esta no es la realidad de todos los seres, aunque parezca algo peligrosamente cierto.
La verdad es que esta novela es sobre el amor. Sobre la libertad. Sobre la pérdida de libertad que nos afecta cuando nos volvemos vulnerables frente a otra persona. Lo que significa, no sólo conectar con el ama de alguien, sino también con su cuerpo. Lo que es más, creo que esta novela es algo que le llega a aquellos quienes alguna vez han amado solos. Han amado en vano. Porque no hay nada más terrible que amar en vano. Pero al final el amor, también es algo que hacemos solos. El ser humano vive en sociedad, pero es a la vez individuo. Nace solo, se muere solo, ama solo. Nos empeñamos en que todas las experiencias vayan en conexión con otras personas. Hoy en día las redes sociales son la mejor prueba del miedo que nos da la soledad, de lo importante que es que otros estén ahí hasta para las cosas mínimas de la vida. Pero al final, la verdad es que nuestra alma y nuestro cuerpo es de una sola persona. Y comprometerlo, en eso que llaman amor, no es tan fácil como parece.
Este libro tiene múltiples niveles. Tiene múltiples lecturas.  Creo que cada quien le dará una vuelta distinta. Para algunos la conclusión será que el sexo es todo, para otros que no es suficiente, incluso puede haber quien diga que la visión de Huellebecq llega a ser simplista. O mejor dicho la del personaje. Después de todo, hay mil cosas que el personaje no vive. Como la paternidad por ejemplo. De hecho otro tema es la visión que tienen de los niños, y cómo consideran la procreación desde el punto de vista natural una aberración.
Yo confieso que todavía estoy sacando conclusiones. Creo que nunca pararé de hacerlo. Eventualmente el libro amerita una segunda leída, para comprender. Para pensar. Me imagino que a medida que pasen los años se convertirá en un libro totalmente distinto. Yo sólo espero que de aquí a un par de décadas no sienta esa desesperación de la que habla Houellebecq. Espero que no se separe de mí, al menos tan pronto, el deseo. Creo que no es una sentencia para todo el mundo. Después de todo, la forma de vivir la sexualidad varía demasiado de persona a persona, y no sólo tiene que ver con la crianza, y las experiencias de vida, sino hasta con la composición física, hormonal, hasta la química del cerebro.
Yo sólo le quisiera decir a Daniel, que tengo treinta y tres años y ahora es que me queda vida sexual por delante. Obviamente no con un tipo como él, que es atormenta porque las nalgas de su pareja comienzan a mostrar signos de deterioro. Creo que esta parte nos pega mucho a las mujeres, por razones obvias. Lo que sucede luego, que no lo voy a contar, tampoco ayuda. Al principio me molestó, después pensé, que también, el autor ironiza y se burla d su personaje, de la sociedad.
Por ahora mi conclusión del libro, es que en el sufrimiento hay gozo. Es que si el precio de la paz es no sentir tristeza, no vale la pena. Es que mientras haya espíritu siempre habrá la necesidad de amor. Y puedes tenerle miedo a ser vulnerable. Puedes disfrazarte de abyecto, convencerte de que lo único que te gustan son los culos firmes y las tetas en la garganta, los bíceps y los pipís enormes, de que nada te afecta, de que eres un solitario, de que no necesitas a nadie, pero al final, siempre vamos a buscar ese calor, ese brillo en una mirada, esa conexión de alma que no sabes cómo explicar, pero en la que hay un respeto hacia la tristeza y la vida del otro, y que el mero hecho de la compañía, así sea silenciosa y hasta distante, no es que haga la vida feliz, simplemente la hace menos pesada. Simplemente nos da la posibilidad de una isla, en el océano inmenso de desesperanza que puede llegar a ser el mundo. Pero eso no se logra con cualquiera. No es estar con alguien. Es estar con alguien a quien le puedes mostrar tu vulnerabilidad. Es en la intimidad.
Y para cerrar, debo decir, que el libro no sólo está impecablemente escritor si bien en algunos momentos puede ser complicado, sino que a momentos es de una belleza que me recuerda, que pocas artes logran lo que la literatura. Este libro, cumple con lo que dice Bataille es digno de ser amado, te da la vuelta, es inesperado e inesperable.
Et l´amour, oú tout est facile, 
Oú tout est donné dans l´instant;
Il existe au milieu de temps
La Possibilité d´une île.

1 comentario:

  1. Para los lectores de este libro adjunto el comunicado compartido por el estimado Ignacio Benedetti donde los raelianos se manifiestan sobre la necesidad de clonar al finado.
    http://www.lapatilla.com/site/2013/09/22/proponen-clonacion-de-hugo-chavez-en-el-vientre-de-una-de-sus-hijas-comunicado/

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