miércoles, 26 de junio de 2013

Psique y Cupido




Antonio CANOVA (1757 - 1822)
Psyché ranimée par le baiser de l’Amour
Marbre - H : 1,55 m ; L : 1,68 m ; P : 1,01 m
MR 1777
Paris, musée du Louvre
Eros y Psique de Antonio Canova es quizá de una de mis esculturas favoritas. Su delicadeza, su ternura, su pasión. La forma en que Canova nos presenta ese instante, en que estos dos enamorados que han sorteado tantas pruebas para estar juntos rozan el beso y se preparan para fundirse. La posición de las figuras. Las formas que se hacen entre los brazos, las alas del dios y la recién nombrada diosa, y esa unión entre amor y alma, entre cuerpo y deseo, y la manera como Canova trabaja el mármol, le dan tanta a esta obra vida que es imposible no sentirse conturbado. 

Érase una vez un rey y una reina que tenían tres bellas hijas. Las más pequeña y también las más bella, Psique, era venerada como una diosa por los habitantes de los alrededores. Venus, diosa de la belleza, estaba furiosa y celosa ante tal blasfemia, entonces le ordenó Cupido (Eros), su hijo, vengarla, haciendo que Psique se enamorara del más vil de los seres humanos. Pero Cupido, al ver a la bella mortal, cayó perdidamente enamorado.

El padre de Psique, vivía desolado al ver a su hija entregada al celibato a pesar de se belleza. Entonces consultó al oráculo de Mileo. Este predijo terribles calamidades para la joven, si esta no era abandonada lo más pronto posible sobre un peñasco, donde un monstruo vendría a apropiarse de ella.

Sola y temblando sobre el peñasco, Psique sintió de pronto la caricia de una brisa ligera que anunciaba el Céfir, el dulce viento del oeste. El la llevó hasta un palacio de mármol, cubierto de piedras preciosas donde ella viviría de ahora en adelante.

Cada noche un visitante misterioso entraba en el cuarto de la bella Psique para unirse a ella. El misterioso visitante le prohibió a la joven verle la cara.

Una noche, Psique, muriendo de curiosidad por ver el rostro de su amante, lo alumbró con la luz de su lámpara de aceite: ella descubrió entonces que no era otro que Cupido. Pero una gota de aceite hirviendo le despertó, y este huyó decepcionado por la traición.

Psique, desesperada, partió en búsqueda de su amor perdido. Venus la hizo pasar entonces por prubas terribles, que la condujeron de los Infiernos al Olimpo. Como última prueba, Venus envió a Psique a los Infiernos a buscar una caja negra que le daría Perséfone, la reina de los infiernos. Sin embargo Psique no debería abrir la caja bajo ningún concepto. Pero la curiosidad de Psique fue más fuerte que la prohibición, y abrió la caja. Al respirar los vapores infernales, cayó en un sueño mortal. Cupido la despertaría al tocarla con su flecha. Ante tanta constancia, los dioses finalmente dieron a Cupido la mano de Psique. Le dieron a la joven el néctar de ambrosía que la convirtió en inmortal, y la consagraron diosa del Alma.

Desde la antigüedad Psique es representada con alas de mariposa: lo que evoca el doble sentido de la palabra Psuchê, que en griego significa alma y mariposa. El mariposa también se convierte así en el símbolo de la inmortalidad del alma. La historia de Psique simboliza las pruebas que el alma debe sortear para alcanzar la felicidad y la inmortalidad.

Para más imágenes de la obra de Canova y ver el texto original pueden visitar el link oficial del Musée du Louvre

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