lunes, 26 de agosto de 2013

Delta de Venus, Anaïs Nin



Es mi primera aproximación a Anaïs Nin y la verdad, quedé fascinada. Y no me da pena decirlo. La naturalidad de esta autora al narrar escenas eróticas es algo impresionante, más allá de la perversidad de algunas, las cuales, advierto, son  muy duras de tragar, desde el comienzo. Anaïs Nin no es para todo el mundo, y aunque es un libro que engancha, ya que su lenguaje fácil, su temática no lo es.

 Es el tipo de autora que generará mucho rechazo entre radicales. Sobre todo en este mundo políticamente correcto, en el que todo pasa, pero nada se dice, en que las cosas son pero se les pone un nombre que la maquille lo más posible, haciéndonos creer que la igualdad está en borrar las diferencias obvias, cuando lo que nos lleva a ella es justamente lo contrario, es aceptarlas, entenderlas y tolerarlas. En fin, hay gente que se niega a ver ciertas cosas del mundo. Que prefiere creer que hay cosas que no pasan. Que seguramente pensarán que la autora es una pervertida, o que lo pensó, o qué se yo. No lo sé. De hecho tengo mucha curiosidad sobre la biografía de Anaïs Nin, más allá de su relación con Henry y June Miller, la cual me imagino no pecó de inocente. Y el mundo es así, les guste a unos, aterrorice a otros, o incluso nos lleve a luchar. Siempre he pensando que las cosas no se pueden tapar. Claro que habrá quienes piensen que no tienen que usar su rato de lectura para leer sobre ellas.

Y cómo yo quiero escribir. Y esa es mi vocación. Mi trabajo. Y a eso me entrego estos días, tanto así que escribo menos de lo que me gustaría en mis blogs, lo cierto es que me toca leer todo. Lo bueno. Lo malo. Lo atroz. Lo delicioso. Lo que a tantas personas hace leer a escondidas, tapar con papel de regalo o mirar al cielo agradeciendo la invención el e-book sin tapas con fotos reveladoras que delaten sus gustos lectores. Yo a mucha honra, en parte me lo devoré en la peluquería pensando, si la señora puede leer en inglés, y se roba dos párrafos de mi lectura, tal vez me declare persona non grata o me haga una invitación indecorosa que tenga que rechazar con un, no amiga, que no me de pena leerlo no quiere decir que lo haga, yo le voy a al Necaxa. 

En fin, el ser humano es complejo y yo admiro y respeto a los autores que escriben sobre esas complejidades y lo hacen bien. Aunque a veces tenga que cerrar los ojos o pasar páginas porque lo que escriben es demasiado duro para mí, o me cuesta, o sencillamente es algo que no quiero leer. Igual que me pasa en el cine cuando hay escenas violentas y me niego a verlas o incluso hasta me salgo de las películas.

El caso es que Anaïs Nin, entre sus historias llenas de erotismo y de un alto y gráfico contenido sexual, nos entrega un lenguaje poético hermosísimo, y es casi imposible no caer bajo su hechizo.

Pero de nuevo, el libro es muy duro, y no lo recomiendo a personas que se ofenden fácilmente. Sin embargo, para todos aquellos que disfrutaron de 50 Sombras de Gray, se los recomiendo, este es el ejemplo de cómo se hace.  


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