viernes, 20 de septiembre de 2013

Rayuela, Julio Cortázar


Quizás una de las cosas que más me cautivaron de Rayuela es que no es fácil encontrar obras que traten de explicar de alguna forma lo complejo que es el amor. O más que explicar, acercarnos a esa noción. Uno no termina de entender porque hay amores tan distintos. Que cada quién ama a su manera. Como se lo permite tanto el bagaje que traemos de relaciones pasadas, de sueños rotos, de las esperanzas que jamás vieron fruto, así como de la visión de futuro, los sueños, las posibilidades. 

Rayuela para mí es una novela sobre el cielo. Esa noción de perfección absoluta que hay ligada a la creencia que en algún lugar, en la Tierra, en el más allá, o dentro de uno mismo hay un paraíso, un lugar donde todo es paz, calma, sensualidad y perfecta estabilidad de los sentidos. Un lugar donde uno se siente completo. Es una novela sobre cómo cada quién define ese cielo, consciente o inconscientemente, y como la vida es una especie de juego en los que unos buscan el cielo, sin quererlo encontrar, como otros ya lo han encontrado y no lo saben, como unos huyen de él, como otros se desencantan, como otros temen, como otros se olvidan de los aspectos prácticos de la vida porque se saben en el cielo. Tal vez todos somos en algún momento uno de estos personajes. Tal vez todos llegamos al cielo y nos devolvemos con la piedra en la mano, para volver a jugar. Es de las tantas preguntas de Rayuela. 

La libertad siendo otro gran tema, pues está íntimamente ligada al amor. El amor como pieza clave para visualizar realmente lo ancha que es la vida, cuando uno se deja llevar por el sentimiento, sin ver otra cosa que el espejo que se nos pone delante, en los ojos de ese ser al que definimos como amado, en el que nos vemos y nos odiamos al mismo tiempo, en el que nos proyectamos. Pero también el amor como la cadena más pesada que se enrosca al rededor del cuello del ser humano que la experimenta. La pérdida de la libertad del que ama, que nada tiene que ver con la posibilidad de hacer o no hacer como disponga en cuanto a sus decisiones, incluso si desea alejarse para no tener que enfrentar la realidad de saberse atado, aunque crea que la distancia, la negación, el rechazo, el abandono lo liberan, lo hacen dominar sus sentimientos y asumir el control de su vida, lo cierto es que el corazón será siempre indómito, y hasta el más astuto y analítico de los hombres se rinde a su yugo. No se escoge. En el amor no se escoge. 

La genialidad con que está estructurado y narrado este libro es casi abrumadora. Como incorpora otras disciplinas y como juega con le lector. Confunde. Arrastra. Maravilla. Y al final uno no sabe, incluso tiene la libertad de jugar a leerlo como prefiera, porque después de todo en la vida, en el amor, no sabe bien ni cómo se empieza, ni como termina. No se sabe nada. Sólo que las historias de amor son solo eso. Amor. Y más nada. 

Para mí la clave todo está en las casillas .93 y .48. Pero cada quién saca sus conclusiones. Porque al final cada quien vive y juega su juego. Hasta el final. Menos aquel que se toma la vida en serio, que no es otra cosa que mal vivirla. 

"...mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flore o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua". Rayuela, 7

"Consiguió dejar de pensar, consiguió por apenas un instante besarla sin ser más que su propio beso." Rayuela, 64. 

"Me estoy atando los zapatos, contento, silbando, y de pronto la infelicidad. Pero esta vez te pesqué, angustia, te sentí previa a cualquier organización mental, al primer juicio de negación". Rayuela, .67

"...la risa ella sola ha cavado más túneles que todas las lágrimas de la Tierra, aunque mal les sepa a los cogotudos empecinado en creer que Melpómene es más fecunda que Queen Mab." Rayuela, .71

"Digamos que el mundo es una figura, hay que leerla". Rayuela, .71

"...que nuestros gigantes padres nos han metido en un corso a contramano del que habrá que salir si no se quiere acabar en una estatua ecuestre o convertido en abuelo ejemplar, y que nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo...". Rayuela, 71.

"Al fin y al cabo aquí el jueves es el día de moda, el domingo no se trabaja, las metamorfosis entre la mañana y la tarde del sábado son extraordinarias, y la gente tan tranquila". Rayuela, .88.

"...la simpatía y el deseo de que todo terminara bien era para la Maga algo así como el arco de los puentes, que siempre la emocionaban, o esos pedazos de latón o de alambre que Oliveira juntaba cabizbajo al azar de los paseos". Rayuela, .108.

"La noción de ser como un perro entre los hombres: materia de desganada reflexión a lo largo de dos cañas y una caminata por los suburbios, sospecha creciente de que sólo el alfada el omega, de que toda obstinación en una etapa intermedia -épsilon, lambda- equivale a girar un pie clavado en el suelo." Rayuela, .125.

"¿Qué se busca? ¿Qué se busca? Repetirlo quince mil veces, como martillazos en la pared. ¿Qué se busca? ¿Qué es esa conciliación sin la cual la vida no pasa de ser una oscura tomada de pelo?" Rayuela, .125. 

"No se puede querer lo que quiero, y en la forma en que lo quiero, y de yapa compartir la vida con los toros. Había que saber estar solo y que tanto querer hiciera su obra, me salvara o me matara, pero sin la rue Dauphine, sin el chico muerto, sin el Club y todo el resto". Rayuela, .36

"...no ya un cuerpo y un alma sino esa totalidad inseparable, ese encuentro incesante con las carencias, con todo lo que le habían robado al poeta, la nostalgia vehemente de un territorio donde la vida pudiera balbucearse desde otras brújulas y otros nombres." Rayuela, .36

"Pero vos hasta ahora no te has salido de la realidad Mondrian. Tenés miedo; querés estar seguro. No sé de qué...Sos como un médico, no como un poeta." Rayuela, .19

"Volver a hacer el amor con ella pero un poco por ella, no ya para aprender un desapego demasiado fácil, una renuncia que a lo mejor está encubriendo la inutilidad del esfuerzo..." Rayuela, .17

"La cosidad es ese desagradable sentimiento de que allí donde termina nuestra presunción empieza nuestro castigo". Rayuela, .17



"Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario la, cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros." Rayuela. .21

"Y así es como los que nos iluminan son los ciegos. Así es como alguien , sin saberlo, llega a mostrarte irrefutablemente un camino que por su parte sería incapaz de seguir. La Maga no sabrá nunca cómo su dedo apuntaba la fina raya que triza el espejo, hasta qué punto ciertos silencios, ciertas atenciones absurdas, ciertas carreras de ciempiés deslumbrado eran el santo y seña para mi bien plantado estar en mí mismo, que no era estar en ninguna parte. En fin, eso de la fina raya..Si quieres ser feliz como me dices / No poetices, Horacio, no poetices." Rayuela .98

"Y aunque deseo fuese también una vaga definición de fuerzas incomprensibles, se lo sentía presente y activo, presente en cada error y también en cada salto adelante, eso era ser hombre, no ya un cuerpo y un alma sino esa totalidad inseparable, ese encuentro incesante con las carencia, con todo lo que le habían robado al poeta, la nostalgia vehemente de un territorio donde la vida pudiera balbucearse desde otras brújulas y otros nombres. Aunque la muerte estuviera en la esquina con su escoba en alto, aunque la esperanza no fu fuera más que una Palmira gorda. Y un ronquido, y de cuando en cuando un pedo." Rayuela .36, Julio Cortázar

"Adivina que en alguna parte de París, en algún día o alguna muerte o algún encuentro hay una llave; la busca como un loco" Rayuela, .26

"La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al cielo, casi siempre se calcula mal y la piedrita sale del dibujo." Rayuela .36,

"Yo describo y defino esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es un desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos." Rayuela .21, Julio Cortazar

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