lunes, 14 de octubre de 2013

¿Por qué comparto literatura infantil y juvenil?



Un ejercicio que nunca terminaré de hacer es mi biografía literaria. La biografía literaria: Esos libros que te han formado en el oficio de lector. Porque como todo hay una práctica, cosas que uno va a aprendiendo, y una identidad propia de lectores, que claro está, viene de la infancia. Si nuestros padres leía, no leían, si un maestro nos humilló delante de la clase porque no recordamos el título de tal o cual libro del que además dependía la nota de todo un semestre, o si al contrario, nos encontramos casi sin entender como, brillando en la clase de literatura, aunque tal vez de un modo imperceptible para el resto de la clase, pero que nos llevó a forjar una relación muy íntima con un profesor a quien ahora recordamos como una de esas personas que nos llevó a los libros.

Yo digo que uno no termina, el menos en mi caso, porque cada vez que pienso que la tengo en orden aparece algo nuevo. Por ejemplo sucede que hace poco recordé los libros de Enid Blyton. Y no fue por otra cosa sino porque rebuscando en casa de mi mamá, de pronto salió de una estantería en la que no tenía por qué estar, así como salieron luego unos libros de National Geographic sobre nutrias y topos, y entonces recordé que aunque mi inglés era pésimo, y no entendía la mitad de las palabras, yo trataba de devorarlos, y con razón me encantan las nutrias y los topos,  me traje los libros para mi casa, y le dije a mi hija vamos a leer sobre nutrias, y claro, ella no me paró ni medio.

El caso es que la relación con los libros es muy personal. Pero con el tiempo, si uno lee mucho sobre todo, uno va perdiendo la relación con esos primeros libros. Así como se aburrió de ir al zoológico, al circo, aunque a esos dos me cuesta ir por otras razones, es raro que los adultos vean comiquitas porque sí, o que vayan a un parque a montarse en los columpios. Es parte de la vida. Uno trasciende y cambia de etapa. Hasta que te conviertes en padre y entonces es como si vivieras de nuevo.

Cuando salí en estado de mi primera hija un día vi anunciado un taller de literatura infantil y juvenil con Mireya Tabúas y me dije, yo quiero aprender de esto, a ver si le escribo un cuento, o le leo los cuentos correctos. Porque mi esposo y yo le leíamos a la barriga y no nos gustaba lo que leíamos. Me dije hay más que aprender de esto, no es cualquier animal, cualquier princesa y ya, hay algo que aprender.

Y sí que lo había. Debo decir que ese taller es de los mejores que he hecho en toda mi vida. Fue un gran placer, y una experiencia muy enriquecedora. No sólo por los compañeros y la profesora, sino por el hecho de haber derribado ese muro de superioridad que suele haber entre la literatura “seria” o de “adulto” y la infantil y juvenil.

Que sea infantil, que esté dirigida a los niños y jóvenes como lectores inmediatos no quiere decir que sea menos profunda, menos compleja, no quiere decir que nos sea ajena. Todo lo contrario. Hay libros que mientras más los leo, más entiendo la cantidad de significados que tienen y las lecturas que un adulto le puede dar no sólo para poner orden y encontrar empatía frente a sentimientos y emociones, sino para ayudarnos a entenderlos.

Amor. Tristeza. Prejuicio. Soledad. Ruptura. Depresión. Distancia. Felicidad. Amistad. Silencio. Miedo. Poder. Idealismo. Heroísmo. Lealtad. Valentía. Honestidad. Mentira. Arrepentimiento. Búsqueda. Pare usted de contar lo que se consigue en la literatura infantil, desde los cuentos de Andersen, desde mucho antes. Y no es algo casual. Es porque los niños lo viven también. Lo viven como nosotros. No porque son más pequeños son menos intensos. 

Yo comparto estos libros, y les digo, muchos de ellos no son sólo para los niños, son también para los padres. Si algo me enseñó la literatura infantil es a leer sin prejuicio. Tal vez uno los tiene, con o sin razón. Los bestsellers. La autayuda. Uno también aprende a encontrar excepciones incluso en los ámbitos que más rechaza. Lo importante como lector es tener la mente y el corazón abiertos, porque si no las historias caen en saco roto. Después de todo para eso es la lectura, para el pensamiento crítico, para ayudar en la reflexión y le evolución. Los lectores que dan vuelta sobre su propio eje y son lectores planos toda la vida, es raro que trasciendan como personas. Lo sé, porque lo he visto.

Yo comparto estos libros porque creo que son fundamentales para la vida. Para la de mis hijos, ¡Claro!, pero para la mía también. Como padres, maestros y promotores creo que el punto de partida, no es tanto elegir el libro que les guste a ellos, sino leerlos y compartirlos nosotros. La pasión es contagiosa. La emoción es contagiosa. La empatía es contagiosa. Nada como encontrarse con un niño en el terreno común de un sentimiento complejo. El miedo por ejemplo. La incertidumbre. Sólo porque nosotros les resolvemos muchos problemas de la vida diaria, no quiere decir que la vida de ellos es menos compleja. Yo todavía recuerdo el terror que me producía el colegio, la llegada por las mañanas. Se parece mucho al que siento hoy en día por otras cosas.


En todo caso. Los invito a leer alguno de estos libros, y voy a recomendar también desde la óptica adulta. El poder de un libro no se puede subestimar jamás. Cuando pienses que un libro no tiene relevancia porque no le llega a las masas, o es complejo, o es aburrido piensa que las religiones lo primero que hicieron, fue hacerse con un libro. Es el camino. Nunca subestimes un libro. Mucho  menos un libro escrito para un niño. Después de todo tú también fuiste uno. Tal vez, si tienes suerte, de vez en cuando, sigas siendo.

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