miércoles, 27 de noviembre de 2013

Franny and Zooey



Siempre he pensado que los mejores libros son los que llegan por casualidad, o porque alguien te los pone en la mano. En el proceso de escribir mi novela, en el proceso en sí, al menos esta vez sólo he involucrado a una persona. Debo decir que en más de un sentido, tal vez más literal del que muchos podamos pensar, me ha salvado de la vida. La novela era una cosa cuando empecé hace ya más de un año, y hoy en día ese proceso es otra cosa. A veces escribirla ha sido un sufrimiento. Un verdadero sufrimiento. Otras es un placer tan grande que cuando me llega la hora de dejarlo, por cansancio, por otras responsabilidades me cuesta mucho hacerlo. En general en este proceso he aprendido una disciplina que ni yo misma sabía que tenía en mí. Aprendí que esto es lo que sé hacer, y lo sé hacer bien además. Digo sin pena, al menos mí, me está gustando. Lo que no deja de lado las dudas que todavía siento. Sin embargo, estoy comprometida con este proyecto como sólo estoy comprometida con otro en la vida: la maternidad. Es decir que esto para mí es destino, pero también es voluntad.

¿Qué tiene todo esto que ver con Franny y Zooey? Mucho. Porque ese libro llegó a mis manos gracias a esa persona que me está ayudando. Debo decir que tardé un poco en leerlo, por aquello de que uno tiene sus libros ordenados, y van saliendo, y todo se complica, y uno los va dejando. Hasta que por fin este otoño dije no más, y comencé a leerlo. Una experiencia rara. Al comienzo me encantó. Luego a mitad del libro me cansé y empecé a cuestionarme por qué me habrían mandado a leer este libro. Entonces pensé que justamente por haber sido algo más allá de la casualidad tenía que leerlo y leerlo hasta al final. Y fue en la última página cuando realmente entendí.

No voy a dar muchos detalles. De hecho terminé comprando una edición para guardarla en mi biblioteca, rayarla y regresar a ella cuando sea necesario. Esta es la búsqueda de un destino. Esta es la paralización frente a la gran pregunta, ¿para qué estoy aquí? ¿importa si tengo talento? ¿quién dice si tengo talento o no? Es la paralización frente al no puedo, frente a las presiones de la familia y la sociedad. Es la búsqueda de una voz, de una vocación, y el darse cuenta finalmente que uno nació para algo y lo que cuesta cuando ese algo es tan complejo que implica hacer cosas que no pagan inmediatamente, que salen de lo ordinario, y que implican poner el alma ahí, al alcance de cualquiera.

Es un proceso por el que he pasado. No una sino varias veces.

No voy a decirles más. Sólo que el trabajo de narración es magistral, y que es un libro que todo el que ha dudado de sí en algún momento lo debe leer. Se nota que esta sensación fue parte de J.D. Salinger en algún momento, como seguramente lo ha sido de todo escritor, pintor, actor, y qué maravilla cuando eso logra desdoblarse de forma tan hermosa en una historia de ficción.

Sin duda, un libro necesario. Entre mis partes favoritas están aquellas en las que Franny se cuestiona sobre la belleza, la poesía, y lo fatuo de aquellas personas que usan el arte para buscar la gloria vacía, y producen cosas llenas de pretensión y vacías de verdadero contenido. Ese a mi modo de ver, es el peor mal de la humanidad.

“No son” dijo Franny. “En parte es lo terrible. Quiero decir, no son poetas de verdad. Sólo son gente que escribe poemas y que se los publican y están en antologías por todo lados, pero no son poetas”.

“Sólo estoy interesada en saber qué demonios pasa. Quiero decir, ¿tienes que ser un maldito bohemio, o estar muerto, para ser un poeta de verdad? Por Dios. ¿Qué quieres? ¿Un bastardo con pelo ondulado?”

“Si eres un poeta, hace algo hermoso. Quiero decir, se supone que tienes que dejar algo hermoso al dejar la página y todo lo demás. Los que estás nombrando no dejan una sola cosa, una sola cosa hermosa. Lo que hacen lo que son algo mejores es entrar de cierta forma en tu cabeza y dejar algo ahí, pero sólo porque hacen eso, sólo porque saben dejar algo, no tiene que ser un poema, por Dios. Puede ser algo fascinante, defecaciones de sintaxis, discúlpame la expresión. Como Manluis y Esposito, y todos esos pobres hombres”.


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