jueves, 3 de julio de 2014

Día 3 - Un libro con una historia que vivirías

La obra de Émile Zola



Hace siete años leí este libro que forma parte de la colección Grandes Clásicos de Mondadori. Siempre había querido leer a Zola. Un par de años antes había tratado de leer Nana en francés y a las pocas páginas había desistido. Entré a la Alejandría de Paseo Las Mercedes buscando algo de Zola y sólo tenían en esta. Me llamó la atención porque esta, aunque tal vez no sea su obra más conocida, es una que trata sobre la relación de un pintor con su modelo, de la cual se enamora y su relación de amistad con un novelista llamado Sandoz. Dice la contraportada que es la novela más autobiográfica de Zola y que se inspiró en la relación del escritor con el pintor Cézanne. 

Me encantan las historias del país bohemio. Ese que además creó todo ese mito del artista desenfrenado, que se deja llevar por todas la pasiones, carnales, psicológicas, hasta espirituales. Obsesionado, atormentado, busca hallarse en el arte como si fuera un espejo, pero no es sólo eso, sino que trata en su obra de crear gloria y grandeza, que al final resultan inalcanzables. 

El Claude Lantier trabaja en una gran pintura, la que siente que va a cambiarlo todo. No sólo su propia vida sino el mundo. El libro trata sobre ese intento y lo que sucede al rededor de los pintores. Lo que tiene que hacer para sobrevivir económicamente y las relaciones con los demás artistas. 

La gran pregunta de la obra, o el camino que se traza en la trama es ese intento de plasmar tanto en un cuadro. Uno como lector está constantemente preguntándose si lo logrará o no. 

En lo particular este libro me pega mucho, porque desde el punto de vista de mi trabajo me pregunto muchas veces ¿qué quiero decir? ¿para quién trabajo? ¿dónde está mi discurso? A medida que uno se entrega a un trabajo como escribir o pintar uno empieza a descubrir una cantidad de cosas, no sólo sobre el arte, sino sobre sí mismo. Está quien escribe para otros, pero lo más importante es hacerlo para uno mismo. ¿Qué es la gloria en realidad? 

Después de muchos años he ido aprendiendo a encontrar mi voz. Cuando escribo suelta, como en el blog, las cosas van bastante bien, pero me ha sucedido que cuando hago otros intentos las cosas no salen tan fácilmente. Es cuestión de soltar los amarres de la presión y de los objetivos inalcanzables. Reconocer que al final es trabajo. Oficio. Como cualquier otro en la vida. ¿Por qué falla un artista? ¿Por qué lo logra? 

Viviría esta historia, porque tal vez en cierta forma la vivo. Porque temo vivirla. Porque entiendo cuál es la batalla, y cuál es el elemento que a veces se nos hace tan confuso a quienes tratamos de hacer esto. No saber en dónde empieza tu vida y en dónde tu obra. Cuándo de pronto se fusionan las dos y se solapan. Es allí dónde está la inteligencia, la de saber que no debe ser el arte una expresión de la vida, ni un intento de vivir en una segunda piel, sino más bien una expresión de las ideas. Suena sencillo, pero no lo es. De hecho es doloroso y muy complejo.

Este libro lo sufrí y lo recuerdo mucho, y en algún momento me gustaría leerlo de nuevo.

"Sí, debía de ser eso, el salto demasiado corto o demasiado largo, el desequilibrio nervioso que sufría, el desarreglo hereditario que, por algunos gramos d sustancia de más o de menos, en vez de hacer un gran hombre, haría un loco. Cuando la desesperación le hacía huir de su estudio y escapaba de su obra, le perseguía ahora aquella idea de una impotencia fatídica, la oía martillear en su cabeza, como el repique obstinado de una campana". La obra, Emile Zola

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