lunes, 20 de junio de 2016

Carlos Martínez Rivas por Gioconda Belli



En este bellísimo libro en el que lectores de poesía escogen el poema que prefieren por encima de cualquiera otro hay joyas que para mí han sido todo un descubrimiento. Aquí este poeta nicaragüense que influenció a toda una generación de escritores. Sobre él Belli dice "Admirador y conocedor a profundidad de Rimbaud y Baudelaire, Carlos se veía a sí mismo como uno más de los poetas malditos, y cultivaba en su obra y en su vida la soledad y el dolor como única vía para evitar la autocomplacencia y el aburguesamiento que detestaba y temía."

El poema se llama "La puesta en el sepulcro" y es sobre el amor imposible, desesperado. Lo curioso es que Belli lo fue descubriendo a través de un amigo pintor que sufría a causa de un amor tormentoso y destinado al fracaso. Ella se quedaba con pedazos del poema, que permanecía inédito, hasta que un buen día salió publicado en un suplemento literario.

La imagen es del cuadro de James McNeill Whistler. En 1963 el pintor inglés lo presentó al Salón de París, pero el mismo fue rechazado. En vista de la cantidad de rechazos ese año Napoleón III autorizó el Salón de Rehusados. Whistler presentó esta cuadro en el que representaba a su entonces amante Johanna Hiffernan. Ese mismo año se interpuso entre ellos el pintor Gustave Courbet, quien sería su amante durante un corto tiempo pero que quedaría marcado de por vida por ese tormento de amor.


La puesta en el sepulcro
XIV Estación 

Cuando ya no me quieras.


Cuando ya no me quieras y no podamos estropear nada
Porque nada estará vivo y confiado.

Cuando tú te hayas ido y yo me haya ido
Y todos se hayan marchado
Diremos: "Algo se ha perdido. No mucho.
Pero algo esencial - un culto, un lenguaje,
Un rito- está perdido".

Cuando hayamos dejado de ser esto que somos:
Una pareja expuesta al dardo
Desnuda y apremiante
Mal avenida pero bien enlazada
Y nos dispersemos en otros círculos
Y nos disipemos en otras charlas


Habría quien diga: "Aquí dos seres carmesíes
Se atraparon. Los vimos balancearse,
Estremecerse, volver a la seguridad
Y caer".

Para entonces, el zumbido del tractor
Volverá a oírse en el fondo del campo
Las chorejas del guancaste caerán
Con un golpe seco frente al portal
Pero sos rumores de la vida nos llegarán por separado
Y otro sol será tu sol y otra luna será mi luna-

Cuando ya no me queiras

Cuando en la reunión tus ojos
Al encontrar los míos ya no digan: "Espera
A que acabe con estas gentes. Pero mi corazón te pertenece"

Cuando en las incesantes fases
De tu errabunda búsqueda femenina
Ames a otro
Y te desveles bajo otra antorcha
Y te descalces delante de otro cetro

Cuando trasmitas a otro el poder que yo te trasmití
Pensaré aguzadamente: "Ya se le agotará.
Entonces vendrá a mí y no le daré más".

Y así siga por el mundo y a través de los días
Rumiándote en el hosco destierro
Granitizándome en mi frustración y mi orgullo
Como un mendigo sobre el pedestal
Recorriendo el obstruido pasado
Como un sucio canal maloliente en el crepúsculo:
"Aquí estuve brutal. Ahí comenzó el desierto. En
Aquel banco trató de herirme. Tal día..."

Y así te evoque. Así evoque
Tu espectro, agureándolo de flaquezas y máculas.

Cuando ya no me queiras.
Y yo ya no te tema

Cuando contentadizo, trivial, inadecuado
Para la soledad y la amargura
Yo mismo haya olvidado- cuando
Ya no me quieras- que me quisiste

Mantos y mangas de mujeres
Erinnia disfrazadas de monjas
Me depositarán en la oscura y helada tumba que me busqué.

De Varia, 1994.


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